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CRÓNICA DE ALMEDINILLA ...A PIÉ DE LA HISTORIA.
El domingo 22-01-2017, incluido en el programa de “ A píe de la Historia”, tras concertar Kika, días antes, la visita guiada a la Villa Romana de El Ruedo y al Poblado Íbero de Cerro de la Cruz,

10 mulhaceneros guiados por Kika, nos dirigimos, en dos vehículos, a Almedinilla. Este pueblo de la Subbética Cordobesa de 2500 habitantes, situado entre Alcalá la Real (Jaen) (16kms) y Priego de Córdoba (9kms) dista de Granada 67 kms, por lo que salimos hacia el lugar, sobre las 9’30, tomando, primero la carretera nacional 432 hasta Alcalá la Real, y, a continuación la A339, hasta nuestro destino. Llegados al Centro de Interpretación sobre las 10’40, confirmamos nuestra cita, y,....¡ sin más preámbulo! ...¡el tiempo retrocede! (“ visae correptus imagine formae” Perseo y Andrómeda Ovidio L. IV. Metamorfosis )... El dorado atrio filtra el suave céfiro que el atardecer propicia. Vestidos con una breve muselina, recostados, nos refrescamos en la fresca fuente que el triclinium ofrece. El anfitrión, entretanto, espera nuestra señal, para que se sirva el merecido “Convivium” (cena) preparado por el áureo Apicius (Marco Gavius Apicius, s.I d de C). Tras el “Symposium”(postre), esperamos una amena “Comissatio”(sobremesa) animada con espectáculos, que harán huir las ansias funestas y deleitarán nuestro espíritu. Ofrecemos nuestras plegarias a Hipno/Somnus, para que proteja nuestros sueños y a Baco, para escancie en nuestros cálices el olímpico licor. Así lo deseamos los presentes: Kika, Juancho,MªJosé; terratenientes, Pilar, Ramón, Ana Quintana y Marisa; prececptores, Maite y Ana López; de Cástulo, y el ocasional vate que teje esta ”dementio romanorum”.

Bromas aparte, nuestra guía nos informa que la Villa Romana de El Ruedo (s.I – VII d C) fue descubierta ¡accidentalmente! en 1988, cuando las máquinas que trabajaban en el trazado de una carretera nueva se detuvieron en la puerta del atrio. Fácilmente puedes imaginar el cuadro completo; parece haber sido abandonada ¡ayer mismo!

Su mayor “tesoro” es una escultura de bronce de tamaño real de Hipnos/Somnus, el dios grecolatino del sueño, que fue encontrada allí, desmembrada. Primero escondida, y luego restaurada por los especialistas del IAPH en 1999, luce, para orgullo de sus habitantes, en el Museo Histórico y Arqueológico de la localidad; un molino restaurado, sobre el “caudaloso” Caicena, en el paraje de “Fuente Rivera”, que alberga también el ecomuseo “Río Caicena”.

La lujosa y excepcional Villa, orientada hacia el este, antecedente de la casa de campo “de toda la vida”, ¡aunque sin piscina, ni pista de pádel!, consta de un gran patio/ atrio con alberca, como entrada, con zona de almacén y para el servicio, y vivienda interior que se articula en torno a un gran comedor. Lo flanquean, en las dos alas laterales, los dormitorios. Éstos, aún conservan, en sus altos muros de piedra revestidos de un grueso estuco, las pinturas de las paredes, de motivos geométricos o vegetales. Además, los suelos de la mayoría aparecen pavimentados con sus mosaicos originales.

La vivienda dispone de baño de vapor y sistema de calefacción del suelo ( el “suelo radiante” actual) llamado “hipocausto “. El sistema, ideado por el ingeniero romano Cayo Severo Orate, en s.I a d C, se generalizó en todas las termas públicas, pero era privativo tan solo de las familias más pudientes, en viviendas particulares.

Preside el amplio comedor un templete, donde se reproduce la cueva- morada de Somnus, tal y como el poeta Ovidio ( Sulmona, 20-10-43 a C- Tomis, Rumanía, 8 d C ) describe en sus “Metamorfosis” (L,IX,592-629). Este hecho, y el hallazgo de la escultura de bronce, ha llevado a algunos a sostener que esta villa pudo ofrecer, ocasionalmente alojamiento y estancia para tratamientos de reparación y trastornos del sueño.

El centro de Recepción, previo aviso, ofrece un simulacro de las cenas y banquetes romanos. En agosto, además, organiza los “Festum”, jornadas íbero-romanas en el “Coliseo” y otros “escenarios” del pueblo. ¡Un tentador paquete turístico, sin duda!

A continuación, sobre las 12’00, nos acercamos en los coches al Poblado Íbero del Cerro de la Cruz que data de la Baja Época Ibérica ( s.III- II a C). Junto con dos necrópolis (no visitables) ocupaba, ¡y dominaba estratégicamente! la ladera derecha del valle del río Caicena. Una muralla (aún sin desenterrar) protegía a sus habitantes. Lo excabado,- apenas el 2%-, permite ya vislumbrar la trama urbana de calles y viviendas, pero como fue arrasado y quemado por los romanos en el s.I a d C, paredes y techumbres han desaparecido. Alguna cerámica del ajuar doméstico y molinos manuales pueden verse en las viviendas. A la entrada del poblado, se han reconstruido varias viviendas tipo ( con y sin entrada ) y un horno de cerámica. Entrando en una, observamos que eran cuadradas y de una sola planta. La base es de piedra ( 1’5mts de altura, codo y medio de anchura) sobre la que se alzan las cuatro paredes de ladrillo de adove (barro y paja prensados y secados,- no cocidos-, al sol), enlucidas con cal.6 o 7 vigas de madera soportan la techumbre, de cañas y barro. La vida doméstica se desarrolla a ras del suelo, adornado con esteras, pero la familia duerme sobre una tarima elevada a la que se accede por escala. En estas viviendas “piloto” se realizan talleres de cerámica y construcción. Abandonamos el Cerro de la Cruz sobre las 13’15 y nos trasladamos al Museo de Almedinilla, sito en el paraje de “Fuente Ribera”, ¡la curiosidad nos puede! ¿ Qué valiosos tesoros, salvados del expolio, podremos comtemplar? . La guía se esfuerza en hacer “atractiva” la problemática medioambientel del olivar, que se exhibe en la planta baja, pero nuestro interés “¡vuela! hacia las dos plantas superiores. Para empezar, Molinos, Cerámicas domésticas y funerarias y varias “falcatas” íberas, abandonadas probablemente en la huida, llaman nuestra atención en esta primera planta. Subimos, entonces, a comtemplar lo encontrado en la Villa de El Ruedo y nuestras expectivas quedan desbordadas. Solamente las pequeñas esculturas de mármol: Perseo y Andrómeda, Baco, entre otras, justifican la visita a Almedinilla, pero las de Hermafrodita (reproducción; solo el brazo es original) y sobre todas, la de Hipnos, el dios alado que nos conduce hacia la muerte a través de sueño, destacan con luz propia. Representaciones de éste dios, solo hay cinco en el mundo, y este Hipnos, de casi un metro y 21’2 kgms, que los expertos datan del s. I d C, y por su calidad y estética “helenística”, de origen extrapeninsular, es muy completo. Ha perdido, eso si, las manos, y con ellas sus atributos: el cuerno y la planta de amapola adormidera. Salimos del museo sobre las 2’15, colmadas las expectativas. Nos despedimos con un “hasta pronto” de nuestra guía, y, ya “fuera de programa”, ponemos rumbo a la “Cascada del Salto del Caballo”(1’5 kms). La senda, que remonta, río arriba, un encinar degradado, permite comtemplar buenos ejemplares de sauces y álamos, junto a las ruinas de los molinos que el ¡caudaloso! Caicena “movió” “in illo tempore”. Tras escasos 25 minutos llegamos a la ribera del río, frente a la Cascada, pero, como hoy no supera, ni siquiera, el rango de modesta “ chorrerilla”, almorzamos primero, y, luego, sin prisa, nos acercamos al paraje a hacernos las fotos de rigor en la “plancha” pétrea, que “lame” un somero hilo de agua. Sobre las cuatro regresamos al puebo. Durante el paseo de vuelta, ¡el áureo atardecer imperial! prefigura la impresión de que en la nueva “aldea planetaria”, la idea de progreso vigente ¡hasta ayer!, Que “La Romanización impuso en el “Arco Mediterráneo” amenaza ruina; es una estatua yacente y sin cabeza. En Almedinilla, un Juancho ¡algo impaciente! flanquea la puerta del “selecto” restaurante donde cerramos la visita con nuestro “convivium” particular.

 

VER REPORTAJE FOTOGRÁFICO COMPLETO.- AUTOR: Pablo Cano

 

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